Muchas veces, en los procesos de cambio y autoconocimiento, lo primero que aparece no es un “¡qué bien, qué liberador!”, sino más bien un “me siento raro”, esa sensación extraña cuando reaccionamos de un modo distinto al esperado. Como si, de repente, lo que vivimos no encajara con lo que “deberíamos” sentir según la sociedad o según nuestra experiencia pasada.
¿Te ha pasado alguna vez? Esa sensación de que no reaccionas como “deberías”, y eso mismo te desconcierta.
Lo raro como ruptura con lo habitual
Cuando empezamos a reaccionar distinto a como lo hacíamos antes, el cuerpo y la mente se quedan descolocados. Estaban acostumbrados a un guion:
Antes: dolor → sufrimiento → bloqueo.
Ahora: dolor → consciencia → aceptación.
Y claro, cuando saltas de un guion a otro, lo llamas raro.
Historia real:
Una persona me contó cómo, al perder un trabajo que consideraba estable, lo lógico era hundirse, sentirse derrotado, entrar en bucle. Sin embargo, después de mucho trabajo personal, pudo vivirlo con tristeza, pero también con serenidad y claridad. Su frase fue: “Me siento raro… es como si no lo hubiera vivido como se supone que debería.” Esa rareza no era frialdad, era la prueba de haber integrado una nueva forma de relacionarse con la vida.
Lo raro como fase de integración
En psicología hablamos de disonancia cognitiva: hay un desfase entre lo que uno espera sentir y lo que realmente siente.
Historia real:
Otra persona, tras varias experiencias de pareja y mucho autoconocimiento, vivió una ruptura de forma mucho más consciente que antes. Claro que hubo tristeza, pero no apareció el sufrimiento de antaño. Me dijo: “¿Cómo voy a estar tan bien? Debería estar fatal… me siento rarísima.” Esa rareza no era un fallo, sino la confirmación de que había crecido.
¿Y si lo raro fuera, en realidad, la prueba de que estás creciendo?
Lo raro como espacio de libertad
Lo raro también puede ser el lugar intermedio entre lo que ya no eres y lo que todavía no sabes que eres.
Ese espacio a veces incomodo, pero que también liberador.
Historia real:
En un tanatorio, alguien me contaba cómo vivía un duelo llorando, sintiendo tristeza… pero sin hundirse. Podía abrazar la emoción sin quedarse atrapado en ella. Me decía: “Es rarísimo… estoy triste, pero no me estoy hundiendo”.
¿Te imaginas vivir así? Sintiendo la emoción, pero sin la cárcel del sufrimiento.
El papel del ego en lo raro
El ego es esa parte de nosotros que organiza la identidad y nos protege. No es malo, lo necesitamos. Pero le gustan las certezas. Le gusta lo conocido.
Cuando reaccionas de otra forma, tu ego se alarma. Es como un GPS antiguo que empieza a recalcular:
“Antes reaccionabas así, ahora reaccionas distinto… peligro.”
Y tú lo notas como rareza. Incluso como miedo: